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    Chantada no pudo escapar de la recesión demográfica (fuerte emigración acentuada a partir de 1940 y envejecimiento poblacional), pero rentabilizó su potencial endógeno, dando solidez a producción agropecuaria, diversificando la economía local y desarrollando un importante movimiento asociativo del que son buenos ejemplos las cooperatuvas agropecuarias Chataca, Cofaro y la S.A. Vinícola de Chantada.

    El 48.75% de los activos se ocupan en el sector primario. La elevada proporción de prados (31.4% de la extensión municipal), y de cultivos forrajeros, evidencia que la ganadería ha sido la base de transformación del agro chantadino, centrándose en el bovino de producción láctea. Las granjas avícolas, la explotación del porcino en régimen intensivo y el ovino-caprino completan la ganadería local que permitió el establecimiento de industrias derivadas (fábrica de lácteos,de embutidos, matadero industrial).

    La agricultura complementa la actividad pecuaria. Las tierras labradas ocupan el 21.7% de la superficie total. Productos hortícolas y frutas, como sus afamadas cerezas, castañas, y su vino, procedente de las "muras" sobre el río Miño, está incluido en la denominación de Viños da Terra Ribeira Sacra.

    Numerosos aserraderos y alguna fábrica de muebles transforman la importante producción maderera. Pero la principal industria es la hidroeléctrica (Salto de Belesar, subestación transformadora de Vilela), que por su energía producible en año medio, unos 737 GWh, la convierten en una de las primeras de Galicia. Las ramas de textil y de material de construcción, la explotación de áridos y granito, los talleres mecánicos y de artesanía completan un reducido pero variado sector industrial, que sólo emplea al 8.12% de los activos. El retorno de emigrantes y la urbanización de la villa justifican el desarrollo de la construcción (9.95% de activos).

    Chantada, situada en el cruce de dos importantes ejes viarios, centraliza los servicios y la actividad comercial, que emplean al 33.03% de la población. Sus ferias, días 5 y 21 de cada mes, consideradas en el siglo XVIII las mejores de la provincia, se mantienen aunque han perdido notoriedad.



 

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